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Hace ya algunos años en un congreso sobre gestión de empresas,  asistí a una conferencia donde uno de los ponentes Javier Fernández Aguado argumentó que en las empresas como en la vida diaria lo que se necesita realmente es aprender a “Gestionar las imperfecciones”.

Ya que no existe lo perfecto, ni en las personas, las instituciones, en las familias, en nuestro cuerpo me parece una buena manera de denominar a la práctica del recorrido del cuerpo.

la gestión de lo imperfecto

Analizando las diferencias

Durante la relajación ayer en la clase de yoga les propuse a mis alumn@s que comenzaran a realizar un recorrido del cuerpo pero en principio del siguiente modo:

Observando desde los pies hasta la cabeza aquellas partes del cuerpo que estaban en contacto con el suelo, pero al realizar dicha observación les propuse que fuesen comparando las sensaciones que percibían cuando recorrían el pie y la pierna derecha en relación al pie y la pierna izquierda, observando todos los matices posibles como por ejemplo, el peso de una pierna o el empuje de la misma con respecto al suelo, que zona de apoyo tenía la pierna derecha y cual era la de la pierna izquierda, si estaba más girada hacia un lado que al otro y así sucesivamente con cada zona del lado derecho del cuerpo y de su contraria en el lazo izquierdo.

Cuando realizas este ejercicio y tienes un poco acostumbrada  tu mente a observación  puedes descubrir infinidad de diferencia entre el lado derecho y el izquierdo del cuerpo, y estos resultados te dan una valiosa información de que nuestro cuerpo a pesar de ser bastante simétrico no es idéntico en ambos lados, y tampoco lo son los apoyos, los empujes o la levedad de cada zona.

Al finalizar la relajación una alumna comentó que estaba asombrada justamente de haber descubierto tantas diferencias entre su lado derecho y su lado izquierdo, y que nunca se había planteado que podrían existir.

En definitiva, había re-descubierto un inmenso abanico de sensaciones físicas a través de la atención y la observación consciente.

Fue entonces cuando recordé la frase que da título a este post, “La Gestión de lo Imperfeto”,