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Hacía ya muchos días que no escribía porque también hacía muchos días que mi práctica de yoga no tenía espacio en mi jornada, por circunstancias de trabajo me tengo que desplazar a otra ciudad, y me consume tanto tiempo que ya no tengo ni tiempo de practicar mis clases, y esto mi cuerpo lo está no solo notando sino también acusando.

Las contracturas posturales y tensionales han vuelto a mi espalda, y mi fisio está encantando desde el punto de vista de ganancias, ya que el tiempo que no puedo dedicarle a la práctica, se lo lleva mi fisio en consultas.

Esto por supuesto me produce una lectura no solo mental sino también corporal, pero como todo tiene 2 caras los positivo es lo que os voy a contar.

La semana pasada volvía a la práctica como digo después de muchos días y las sensaciones de mi cuerpo fueron toda una enseñanza.

Desde luego porque mi falta de práctica yo la noté en cuanto a la ejecución de las asanas y al cansacio físico que estas me produjeron, pero se produjo un aprendizaje o mejor dicho un descubrimiento sutil del cual quedé maravillada nuevamente.

En alguna ocasión expliqué que la práctica debe ser activa pero sin tensionar el cuerpo, y que esto es muy difícil sobre todo cuando llevamos a nuestra práctica el modelo del resto de nuestra vida, es decir, que como siempre nos exige más el mundo laboral nos acostumbramos a exigirnos a nosotros mismos también siempre más; y ésto es contraproducente en la práctica del yoga.

Pues bien, en las 2 últimas clases pude disfrutar de un trabajo físico y mental distinto, como sabía que mi cuerpo estaba falto de práctica, me dediqué a realizar las asanas sólo hasta el punto maravilloso de trabajo pero sin tensión, y fui capaz de sentir con claridad cual era ese punto en mi musculatura, esto no siempre me resulta fácil como digo, pero tampoco lo es para los otros practicantes.

De hecho, una compañera de clase que tiene un buen físico  y que estaba practicando a mi lado, me llamó profundamente la atención el sonido de su respiración, ésta era forzada, ruidosa, y entrecortada.

Cuando acabamos la clase, le pregunté si se había dado cuenta de como era su respiración durante la práctica, y si había notado que estaba realizando un trabajo forzado, y que yo había percibido que su práctica había sido crispante para su cuerpo y su respiración.

Ella me dijo que efectivamente le costaba respirar con fluidez porque su estado de estrés era tan grande, que ya había notado que le costaba muchísimo exhalar y no era capaz de cambiar este proceso respiratorio.

Le aconsejé que en su casa hiciera un ejercicio de observación de su respiración natural, y que durante ese proceso de respiración sin cambiar el ritmo ni la frecuencia, contara cuando duraba su ciclo de inspiración y cuanto el de expiración, para a continuaciación intentara realizar su expiración con una duración de un tiempo más que lo que era su costumbre, y que continuara así practicando la respiración de modo consciente hasta que dicho aumento le fuese cómodo, y así poder volver a ampliar dicho ciclo a un tiempo más.

La respiración es la medida de nuestro bienestar tanto físico como mental, así que es imprescindible que le prestemos atención para averiguar como está en cada momento.

Si trabajas de manera activa tu cuerpo y tu respiración fluye de modo natural, el trabajo es productivo y beneficioso, sino debes averiguar que es lo que está mal para así poder  corregirlo.