Etiquetas

, , , , , , , , , , , ,


Por decisión personal, y por deseo de mejora en mi vida laboral, estoy inmersa desde hace algunas semanas en un proceso de cambio.

Cambio de horarios, de empresa, de trabajo en fin, muchos cambios a los cuales estoy adaptándome.

Pero uno de los cambios más importantes es que durante todo este mes de mayo por cuestiones de horario no podré practicar yoga, y ese es uno de los cambios que más me cuesta la adaptación.

El nuevo trabajo está dedicado a la enseñanza en exclusiva, y por lo tanto es lo que yo deseaba, pero por cortesía profesional hasta final de este mes tendré que seguir yendo a mi antiguo puesto de trabajo para instruir a la persona que me va a sustituir.

Esto me produce de momento como digo una incompatibilidad de horarios con el yoga, y os puedo asegurar que mi cuerpo y mi mente lo están notando.

Todo cambio de horarios o lugares de trabajo necesitan un tiempo de adaptación, pero para alguien como yo que practicaba todos los días una o dos clases guiadas, mi cuerpo es el que peor se adapta a esta circunstancia temporal.

Pero además del cambio físico, también hay un cambio psicológico, ya que las nuevas circunstancias siempre generan un nivel de alerta mayor en el sistema nervioso, y por lo tanto este nivel de alerta se traslada a la musculatura, que responde para lo que la biología la dotó que es la supervivencia.

Esto supone que toda la energía muscular se dirige a la huída, o lo que es lo mismo una reacción de estrés.

Solo es cuestión de tiempo, pero os aseguro que la tensión muscular es una consecuencia bastante desagradable, que además reconozco perfectamente de tiempos anteriores a mi práctica de yoga.

Pero de esa etapa habían pasado ya muchos años, y casi no me acordaba de como era tener un bloque en lugar de una espalda relajada y bien preparada.

Solo es cuestión de tiempo y como alguien dijo el ser humano está preparado para aguantar cualquier circunstancia de la vida, incluso las buenas.