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El otro día antes de una clase estábamos en el vestuario de mujeres, y llegó una alumna que hacía tiempo que no venía, todas le dimos la bienvenida, y dijo que el yoga le había creado adicción, ya que aunque por motivos de trabTu lugarajo durante algún tiempo no había podido asistir a clase ella había encontrado su lugar practicando yoga.

Y otra le respondió que ella también y que mientras tuviese salud para moverse seguiría practicando yoga, porque también había descubierto que era la actividad que le llenaba por completo.

Fue entonces, cuando yo oyéndolas recordé mi experiencia de cuando empecé a practicar yoga en el grupo de principiantes.

Recuerdo que cuando empecé a practicar yoga lo hice por las repetidas contracturas y dolores de espalda que tenía, y que por recomendación del médico tenía que buscar alguna actividad física para impedir que las malas posturas repetidas llegasen a producirme patologías y por lo tanto inmovilidad.

Había ido a natación y al gimnasio, pero no acababa de convencerme, no me encontraba yo a gusto al finalizar las clases.

Yo nunca antes había practicado yoga, y ni tan siquiera sabía de que se trataba; por el desconocimiento del tema le pregunté a un amigo que había mencionado en alguna ocasión que él si practicaba yoga.

Me recomendó que fuese al centro donde él había acudido durante más de 10 años, y le planteé todas las dudas por los prejuicios de cosas que había oído y me dio un sabio consejo.

Primero: Ve y prueba un mes y si después de ese tiempo no te siente cómoda, inténtalo con otra cosa.

Segundo: Ve con una actitud abierta tanto mental como físicamente, sin prejuzgar o aplicar conscientemente todos esos filtros que ahora te preocupan.

Y así lo hice.

Y a las 2 semanas, después de la impresión inicial, de encontrarme en un entorno completamente nuevo de repente me dí cuenta que estaba muy a gusto con la práctica y con el ambiente que se respiraba.

De repente mi cuerpo empezó a recordar aquella gimnasia que había practicado cuando era niña en la escuela, y me sentí como en casa.

Fue entonces, cuando como las compañeras del otro día del vestuario, descubrí que había encontrado mi lugar.

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