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Esta semana comencé nuevamente con mi práctica diaria (ya se acabaron las vacaciones), y fue físicamente una semana intensa ya que mi cuerpo estaba acostumbrado en el mes pasado sólo a una práctica de 2 veces a la semana.

Además la práctica diaria tuvo una intensidad importante, pero esta intensidad me llevó a descubrir lo siguiente:

En la práctica de cualquier asana si consigues el equilibrio de tu cuerpo en ella, el cuerpo pierde su peso y las presiones en toda sus formas físicas se equilibran, así como la tensión mental que se puede producir cuando mantienes una asana.

¿Y te preguntarás por qué?

Bueno cuando mantienes una asana, (unas más que otras por supuesto) si tu cuerpo no está bien equilibrado, comienzas a sentirte incómoda, y entonces también tu mente comienza a molestarte, porque lo que quieres cuando estás incómoda es cambiar tu postura para evitar la incomodidad como es lógico.

Y los pensamientos de: cuando se acaba, cuando cambio, necesito cambiar, me duele aquí o allá, empiezan a bombardearte.

Es entonces cuando comienzas a perder la concentración y también el disfrute de la asana en toda su amplitud, porque empieza la lucha mental y física con la postura.

El diálogo mental que se produce es: tengo que aguantar, puedo hacerlo, si los otros pueden yo también, no puede ser menos que mi compañero de al lado……. etc., y es entonces cuando la postura pierde sus beneficios porque estás más pendiente de todo que de tu propio cuerpo y la serenidad de tu mente también se ha perdido.

Por lo tanto cuando practiques cualquier asana, busca el equilibrio físico. Sólo cuando todos los apoyos de tu cuerpo en contacto con el suelo están equilibrados, se produce esa magia, la que te permite tener un estado mental adecuado, una respiración adecuada, un nivel de equilibrio mental y físico que para mí es incomparable y es lo que me permite disfrutarla intensamente.

Además es sólo entonces cuando la asana se transforma en una verdadera y profunda meditación, tu mente pierde el bombardeo constante de pensamientos, solo estás presente en ella, sin prisa, sin sufrimiento, sin nada ajeno a la asana y al equilibrio de tu mente.

Obsérvalo la próxima vez que practiques y podrás descubrir tus propias sensaciones.

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